Patrimonio

Retiran estatuas y las «confinan” para preservarlas de robos y vandalismo

El vínculo entre las personas y las estatuas pasó a primer plano en la pandemia de coronavirus. En Minnesota, París, Londres, Bruselas, Oxford y Copenhague, el asesinato de George Floyd, ocurrido en mayo en manos de un policía, catalizó una serie de movilizaciones contra la represión racista que, a su vez, derivaron en un ataque a los monumentos públicos. Desde entonces, gobiernos, restauradores, manifestantes y académicos debaten sobre la necesidad de sacar o mantener esas figuras, muchas de ellas relacionadas con la esclavitud y el racismo.

En la Ciudad de Buenos Aires, durante la cuarentena que impuso el Covid-19, algunas estatuas fueron decapitadas, saqueadas; en general, agredidas. Los ataques poco tuvieron que ver con una reivindicación mundial contra la violencia racista, sino que se relacionaron a un tipo de robo asociado a la crisis económica.

La modalidad delictiva, tan común en 2001 y 2002, volvió en un contexto de menor circulación en las calles porteñas y una alta necesidad económica. Los faltantes se dieron en las esculturas, pero también en cualquier objeto con componentes de bronce: cables, porteros eléctricos, puertas, faroles del alumbrado público, picaportes y hasta el pasamanos de una iglesia, como ocurrió en la Basílica de San Nicolás de Bari, en Retiro.

Hubo robos rápidos hechos con destornillador y otros que suponen un mayor despliegue, como sacarle la cabeza, los pies o un brazo a las estatuas que componen el Monumento a la España Civilizadora y Eterna, en Costanera Sur.

En este contexto, el Gobierno porteño empezó a retirar esculturas del espacio público. Hasta el momento, según se informó, trasladó tres. De la plaza Rubén Dario, en Recoleta, quitó El Sembrador del escultor belga Constantin-Emile Meunier. Lo mismo hizo con L’Homme Parlant (El Orador) del francés León-Ernest Drivier, antes situada en la Plaza Intendente Alvear, en Retiro. Las dos figuras de bronce estaban bajo depredación.

La tercera escultura en ser apartada fue Heracles Arquero, del francés Antoine Bourdelle, emplazada desde 1944 en la Plaza Dante, en Recoleta. “Se resolvió retirarla para su preservación debido a su gran valor artístico; eso nos permitirá su restauración en nuestros talleres. En este momento estamos planteando la estructura del arco faltante”, dijeron fuentes del Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana a Clarín.

Según el área, la decisión de extraer las tres obras se tomó dentro de un nuevo plan de monitoreo de esculturas y obras de arte de la Ciudad. Lo iniciaron en las últimas semanas e incluye 12 rutas, establecidas de acuerdo a la ubicación de los monumentos.

Los corredores son: avenidas Del Libertador y Figueroa Alcorta; Eje Cívico (Plaza de Mayo, Plaza del Congreso y paseos adyacentes); avenida 9 de Julio y Plaza Lavalle, Plaza Libertad, Plaza Constitución y Plaza Herrera; avenidas Leandro N. Alem y Paseo Colón; Puerto Madero; avenida Caseros; recorrido La Boca y Barracas; zona Primera Junta, sectores de Flores y Floresta; Liniers, Mataderos, Versalles y Villa Luro; Lugano, Riachuelo y Pompeya; Saavedra, Núñez, Coghlan; y Villa del Parque y Devoto.

En los recorridos, que se hacen dos veces por semana, los agentes del MOA (Monumentos y Obras de Arte de la Ciudad) relevan las esculturas y arman un informe sobre el estado de cada una.

“Estas actividades permitieron determinar el riesgo que algunas tenían y, para resguardarlas, se decidió retirarlas”, agregaron desde el Ministerio. En las inspecciones también se detectaron faltantes de relieves alegóricos en el monumento al General San Martín en la plaza homónima, en Retiro; la ausencia de piezas en el arco del Arquero de San Sebastián en plaza Chile, en Palermo; y la desaparición del bastón presidencial en el monumento a Figueroa Alcorta en plaza Dante, en Recoleta.

También en Recoleta, meses atrás ocurrió algo insólito. El pedestal con el busto del filósofo español José Ortega y Gasset apareció vacío, en un robo que no resultó como esperaba el ladrón. La figura estaba hecha en resina epoxi, en lugar de bronce, cómo creyó quien saqueaba. Era la segunda vez que ocurría. La primera había sido en 2016, pero en aquel robo, el botín quizá haya valido la pena. La escultura era de bronce, con un precio de reventa mucho más alto que la resina. Hoy el valor del material es tan bajo, que personal de la Comuna 2 encontró y recuperó el busto perdido. Ahora está en la sede del MOA, junto a las otras tres esculturas retiradas del espacio público. Todas serán restauradas.

En el cementerio de Chacarita los robos tampoco pararon en cuarentena, aún mientras el predio estuvo cerrado al público. Aunque no hay precisiones sobre cuándo ocurrió, fuentes del cementerio denunciaron que primero sustrajeron una placa ubicada en el cenotafio de Evita. Y después, un busto de Isaac Rojas, que estaba en lo que se conoce como Panteón A del Centro Naval.

La Basílica de San Nicolás de Bari también sufrió saqueos. En una de las paredes del templo de la avenida Santa Fe al 1300 quedaron las marcas de un pasamanos que ya no está. En esas escalinatas, el 11 de agosto, policías de la Ciudad identificaron a dos hombres que estaban intentando sustraer piezas de bronce del frente de la Basílica. Al revisarlos, les encontraron soportes de pasamanos, un cortafierro, una masa, un destornillador y un cuchillo.

Tras la comunicación con el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional N° 48, los saqueadores quedaron detenidos. Pero uno volvió a ser arrestado in fraganti tres días después, a pocas cuadras de la iglesia. Tenía manijas, picaportes y chapas catastrales de bronce. Esa misma noche, además, la Policía detuvo a otros dos hombres que en la misma zona robaron dos porteros eléctricos de bronce, el último en un edificio de Ayacucho al 1000.

“Los casos están circunscriptos a la zona de Recoleta, Retiro y Barrio Norte. Por lo general los protagonizan personas en situación de calle. Son robos de subsistencia”, dijeron fuentes de la Policía de la Ciudad a Clarín. Durante la pandemia, y debido a la baja en la circulación de personas, este tipo de delito aumentó. En respuesta, implementaron un servicio con patrullajes en moto y efectivos de a pie en parques y plazas.

Por su parte, desde la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, escribieron una carta al jefe del Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, en la que le manifestaron su preocupación ante las vandalizaciones. Según dijeron desde la institución a Clarín, aún no recibieron respuesta. La comisión también se puso a disposición para colaborar en la preservación de esas esculturas.

Como en el mundo, pero por razones distintas, en la Ciudad de Buenos Aires también se debate sobre el rol de la estatua en el ámbito urbano: quién las instaló y por qué; dónde deben estar, si en el espacio público o dentro de museos o espacios culturales para prevenir actos de vandalismo, y por qué dañarlas o retirarlas de la vista.

FUENTE: www.clarin.com

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