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Supermanzanas, una opción para mejorar la ciudad de cercanías

Es posible traer parte de la experiencia de Barcelona de “superilles” (supermanzanas) a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires? ¿Puede una ciudad latinoamericana tan compleja como la CABA generar un cambio urbano semejante? Los avances actuales en términos de administración de ciudades traen a colación tal debate.

Este interrogante, en un marco de incertidumbre mundial producto del Covid-19 y de necesidad de los gobiernos locales de afrontar el futuro post pandemia, se plantea en una urbe que lleva décadas de estático crecimiento en su densidad poblacional. Joan Subirats, especialista en políticas públicas, observa que las ciudades “a partir de ahora se verán obligadas también a repensar su dinámica económica, laboral y social, así como su estructura urbana”.

Salvando las distancias económicas y de la composición del tejido urbano de ambas ciudades mencionadas, las crisis como la que hoy vivimos son momentos históricos de oportunidades, desafíos y puntos de inflexión en pos de cambios. Estos tiempos, de mayor silencio y aire puro, pueden llevar a pensar en desarrollar una ciudad resiliente y, por qué no, importar políticas públicas urbanas que se adapten a las condiciones locales propias de la realidad porteña. Así lo hicieron otras ciudades del mundo, según cuenta Fernando Bercovich en el sitio web informativo Cenital, como Brasilia, Caracas y Manhattan.

Política más, política menos, hoy la Ciudad de Buenos Aires define su visión de generar una “ciudad a escala humana” y a partir de allí abordar el diseño del espacio público. Más allá de las deudas que puede haber pendientes, esto se observa en las mejoras y desarrollo del transporte público, la red de ciclovías y la peatonalización de áreas céntricas.

La supermanzana puede entrar en esta lógica y -como manifiesta Guillermo Acero, socio en la Oficina de Planificación Urbana Integral Paisaje Transversal- cambia radicalmente el concepto de movilidad y de espacio público. Ganar espacio público y priorizarlo en políticas fortalece el concepto de cercanía.

La Agencia de Ecología Urbana del Ayuntamiento de Barcelona, dentro de su programa “Llenemos de vida las calles” define resumidamente el concepto: “Las supermanzanas se configuran como unidades urbanas constituidas por la suma de diversas manzanas de casas donde se pacifican las calles para recuperar espacio público para los peatones, se limita el tráfico motorizado y se da prioridad a la movilidad sostenible y al espacio compartido, verde y seguro (…) Las calles interiores de las supermanzanas son espacios donde el derecho de paso de vehículos ya no es la función principal, sino que se convierten en espacio de estancia e intercambio, de juego, de ocio, etcétera. El modelo de supermanzanas organiza la ciudad de manera tal que el peatón es quien tiene la prioridad real, seguido de la bicicleta y el transporte público.

En resumen, se juntan en una unidad varias manzanas (alrededor de 400 metros x 400 metros ) generando un crecimiento de la caminabilidad (con los beneficios que conlleva; como los económicos), donde la circulación de automotores no supere los 10 a 20 km/h trasladándose a la periferia (avenidas) de estas supermanzanas, reduciéndose así el ruido tanto como la contaminación ambiental.

El desarrollo de esta idea puede enmarcarse en clave de diseño colaborativo, donde los cerébros locales (algunos muy empatizados con esta idea urbanística) definan la mejor manera de adaptarlo al entramado urbano porteño, con el objetivo claro de recuperar espacios comunes, promover la innovación social, trabajar en la salud urbana, conseguir más superficies verdes y generar hábitos saludables en concordancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU (a los cuales la Ciudad suscribió).

Las ciudades tienen sus conflictos, sus vulnerabilidades y sus respuestas; donde aflora en su “vida urbana” la participación ciudadana, y como explica Subirats, “donde se reflejan de manera más intensa los cambios económicos, políticos y sociales que se dan en general”.

La consecuencia de pensar esta implementación promueve la gobernanza local y las buenas prácticas de gestión. El ecólogo urbano Salvador Rueda, padre e impulsor de estas “celular urbanas” desde la Agencia de Ecología Urbana de Barcelona, recomienda que puede hacerse de manera escalonada. Se puede arrancar con un simple tarro de pintura para señalizar y delimitar, pasando luego a la transferencia de recursos y así generar transformaciones más avanzadas dotando de equipamiento necesario.

Básicamente, quiere decir que se van ganando espacios, de a poco, acostumbrando al vecino y probando el éxito de su implementación en cada zona de cada barrio particular. Además, la misma va agregando nuevas fases de desarrollo, donde se pueden ir sumando nuevas funcionalidades y formas de vivir ese espacio público. Gabriel Lanfranchi, del Concejo del Plan Urbano Ambiental de la CABA, en una reciente charla con la Legislatura porteña, ilumina sobre este punto diciendo que si no sale bien tal experiencia en la Ciudad es muy fácil volver atrás, en la misma lógica que Rueda expresa sobre la implementación escalonada y flexible.

Rueda ya lleva tiempo relacionado con la Ciudad de Buenos Aires, asesorando a sus gobiernos en temas urbanísticos en cómo enfrentar los problemas propios de las ciudades de una manera innovadora, y ya analizó factiblemente para la Ciudad, hace unos años, la implementación de las supermanzanas. Recientemente, legisladores del oficialismo (Cecilia Ferrero junto a Agustín Forchieri) presentaron un proyecto de ley para su creación, buscando una nueva forma sustentable de planificación y gestión del espacio público donde se desarrollen actividades feriales, culturales y sociales, entre otras que aporten al desarrollo de la economía local en sintonía con vivir el espacio público.

Si bien hoy puede no ser una prioridad, además de que la pandemia limita el transporte público a favor del particular (pero sí promueve la caminabilidad), varios urbanistas locales vienen observando que puede reflotarse la política pública de supermanzanas y, por ende, desarrollar una nueva forma de empezar a vivir el espacio público; de vivir la Ciudad.

FUENTE: Sebastián La Rosa – www.clarin.com

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